sábado, 16 de marzo de 2019

El día que me convertí en SPAM


Me salí del sistema y el tráfico enardecido de mi ciudad interior se detuvo. Mi teléfono paro de sonar. Mi email se vació. Solo llegaban spams. Quizá porque yo me convertí en spam.
La imaginación apareció allí, cuando nada me ocupaba. Cuando ni la muerte se atrevió a asustarme! 
Y ahora que vuelvo, ya no vuelvo yo. Ha vuelto una versión inadmisible, una versión despierta de manzanas. Una escafandra con siete direcciones de tesoros. 
Ahora soy un traficante. Negocio con paquetes de tiempo. Extraigo mi mercancía de las vidas colmadas con la prisa. La prisa no es más que un nudo de ansiedad imaginario. Existe por que lo mantenemos. Porque lo fabricamos. 

No esperes ese lugar paradisíaco donde te retirarás. No esperes a que se organice tu tiempo. No se organizará tu tiempo si no organizas los datos de tu mundo interior.  No te mientas. No seas iluso. No seas ilusa. Hay un lugar de tu autonomía donde nadie puede doblegarte. No le creas a los impostores cultos si lo que predican te lleva a la cobardía y a la parálisis.

No me digas nada. Quiero que te calles para que podamos conversar... ¡de silencio a silencio!. 

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